20 de Noviembre de 2017

A+ A A-

MATERNIDAD Y MUNDO DEL TRABAJO

Valora este artículo
(0 votos)

INTRODUCCIÓN. En esta oportunidad, me propongo ofrecer una “mirada situada” en torno al vínculo maternidad y mundo del trabajo.

Mi intención es reflexionar en torno a la tensión existente entre los imperativos emocionales de la maternidad y las obligaciones del mundo laboral.

A mi criterio, la maternidad constituye un momento clave en la vida de las mujeres; las prioridades se reacomodan y junto con la arrasadora experiencia de dar vida, los cambios en la cotidianeidad se hacen evidentes.

La maternidad constituye un conector vital impresionante entre el pasado y el futuro; entre uno y el mundo; entre la propia subjetividad y la sociedad en la que vivimos; entre herencia y cultura.

La llegada de una nueva vida marca un acontecimiento inédito en el mundo. Pero ningún alumbramiento, ni personal ni colectivo, se produce ajeno a una época, a una sociedad, a un contexto material y simbólico que en parte condicionará aquella existencia por desplegar.

Por eso mismo, cuando una mujer trabajadora decide transitar el arduo camino de la maternidad no sólo pone en juego decisiones personales referidas a cómo organizará su vida a futuro. También sabemos que la sociedad en su conjunto y las empresas en particular responden ante esta circunstancia facilitando o complejizando los cambios (por) venir.

ALGUNAS CONSIDERACIONES EN TORNO A LAS MAMÁS QUE TRABAJAN

La mayor participación de las mujeres en el mercado laboral ha sido una tendencia creciente en las últimas décadas.

Según el INDEC, desde la década de los '90 la tasa de actividad femenina en la Argentina ha ido en aumento: entre los años 1990 y 2006 la salida laboral de las mujeres creció del 43,2 al 48,6 por ciento. Pero quienes más han aportado a la fuerza de trabajo han sido las mujeres casadas o en pareja, con carga de familia.

La inserción femenina en el mercado laboral ha tenido características particulares según el paso de los años. El perfil que se presentaba como típico en los 70, era el de una participación predominante de mujeres jóvenes antes de casarse o tener su primer hijo. Es decir, trabajaban las hijas.

Actualmente, quienes más aportan a la fuerza de trabajo son mujeres casadas o en pareja, con carga de familia. Es decir, trabajan las madres (1). 

Frente a este paisaje, nos preguntamos:

¿Qué tensiones sociales y a la vez de género, refleja la sostenida inscripción laboral de las mujeres en nuestro país?. Al respecto, Catalina Wainerman argumenta que “en el ámbito de la economía, de la sociedad total, se ha operado una reestructuración del trabajo productivo según género. En el ámbito de la familia, esto ha significado para las mujeres sumar a su trabajo reproductivo un segundo turno de trabajo productivo, lo que significa asumir un doble rol. Al hacerlo, está teniendo lugar una transformación radical del modelo de organización del hogar establecido de larga data, el del hogar patriarcal en el que los roles productivo y reproductivo están netamente segregados por género, el primero a cargo del esposo proveedor, y el segundo de la esposa madre. En la nueva situación, la pregunta que debiéramos formularnos es en qué medida la redistribución de roles según género que tuvo lugar en el mundo de la producción está siendo acompañada por una redistribución equitativa dentro del ámbito de la familia, en el mundo de la reproducción. La pregunta claramente se dirige a los varones, y a medida en que sus esposas asumen el doble rol se opera en ellos una transformación similar que hace de la división del trabajo de la casa y de los hijos una empresa más equitativa de lo que es hoy (2)”.

El análisis de Wainerman nos ayuda a comprender la complejidad que implica desplegar con responsabilidad y compromiso el doble rol que impone la maternidad y el empleo. No resulta ser una tarea sencilla sostener ese doble comando que implica ser a un mismo tiempo, mamá y trabajadora. Aunque parezca una obviedad, para que cada día haya más mujeres ocupando diferentes posiciones en el mundo laboral resulta fundamental comprender, la enorme dificultad que significa para una mujer, dejar su casa, salir al mundo del trabajo y compatibilizar su vida profesional y su vida familiar. Es una simpleza, pero que encierra la complejidad del día a día de muchas mujeres inteligentes, capaces, madres las que quieren y pueden, que cada mañana hacen malabares para que todo en su pequeño universo funcione lo más armoniosamente posible.

Estoy segura de que todos deseamos que ninguna mujer tenga que elegir entre el éxito profesional y la realización personal, y que esa pausa que necesariamente hay que tomarse en la mayoría de las ocasiones para poder tener hijos, no debiera significar una merma para aquellas mujeres que aspiran a llegar donde ellas decidan según su formación, sus méritos y su esfuerzo.

Estoy convencida que las MIPyMES tienen la posibilidad de avanzar en estrategias inclusivas y novedosas respecto de esta temática. El futuro que ya es presente, ha posicionado a las mujeres que participan del mercado laboral registrado en posiciones y/o cargos de responsabilidad y visibilidad crecientes. Urge entonces, además de los derechos ya consagrados en la normativa, promover entornos laborables amigables respecto de las madres trabajadoras.

Hay momentos o situaciones familiares en los que cumplir con la demanda laboral implica una lucha de titanes. Y es justamente cuando parece imposible poder armonizar ambas facetas de nuestras vidas, cuando imagino que las organizaciones pueden echar mano a un variado menú de estrategias de contención que hagan de ese fenómeno excepcional un momento sustentado en la creatividad, la colaboración y el compañerismo. Estoy convencida que sólo el trabajo compartido y solidario entre varones y mujeres facilitará la construcción de una sociedad más equitativa donde cada ser humano haga con sus dones y talentos el milagro de transformar su propia vida y la de aquellos a quienes ama.


(1) Wainerman, C (2007). Mujeres que trabajan. Hechos e Ideas en: Población y Bienestar en la Argentina. Del Primero al Segundo Centenario. Una historia social del siglo XX en Torrado, S (Comp). Serie de Estudios del Bicentenario. Secretaría de Cultura de la Nación.

(2) Wainerman, C (2007). Conyugalidad y paternidad ¿Una revolución estancada?. Género, familias y trabajo: rupturas y continuidades. Desafíos para la investigación política. CLACSO.

(3) Me refiero, a situaciones habituales por las que atraviesa una mamá que trabaja; por ejemplo: la entrega del primer Informe o del primer Boletín; un amanecer con fiebre por parte de alguno de los hijos; la citación a reunión de padres, etc.

Esto no significa que la propia organización familiar no haya ido encontrado alternativas sustitutivas valiosas (por ejemplo: los abuelos o algún familiar cercano). Hago alusión a algo más “personal”, inscripto en un orden sutil, emocional, radicalmente conmovedor como es el deseo profundo, íntimo, de estar “ahí” formando parte de un momento vital en la vida de los hijos. No es lo mismo, suturar esa tensión desde el malabarismo personal que hacerlo desde la sustentabilidad que brinda la organización en la que se trabaja cotidianamente.

 

Claudia Beatriz Cao es Magíster en Gestión de Proyectos Educativos. Universidad CAECE. (2008). Título de la Tesis: “Las Reformas del Gobierno y la Gestión del Sistema Educativo: Debates Parlamentarios de la Ley Federal de Educación (1993) y de la Ley de Educación Nacional (2006)”. Calificación: Sobresaliente con Honores. Jurado: Dra. Mónica Pini; Dra. Ana Donini y Dra. María Irma Marabotto.

Comentario en Facebook

Copyright 2012 © - Todos los derechos Reservados | Design by ideas2.com.ar