20 de Mayo de 2018

Cuatro estilos para conducir una Empresa Familiar

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Por Jorge Hambra. Las Empresas Familiares (EF) son un factor muy significativo en la economía de una Nación.

En la Argentina representan más del 80% del total de las empresas del país. Proveen aproximadamente el 70% del empleo y es probable que generen el 60% del PBI.

Lo notable es que, siendo tan determinantes para la economía de un país, las EF no se destaquen por su sustentabilidad. Más de la mitad de ellas (alrededor de un 60%) no supera los 10 años de vida, un 30% alcanza la segunda generación y solamente un 10% sobrevive hasta la tercera.

¿Por qué pasa esto? Básicamente sucede porque hay cuatro estilos para conducir la empresa familiar:

_Focalización en el negocio.

Cuando se abandonan los temas relacionados a la familia en función de un interés por el negocio, las EF son de dudosa sustentabilidad. ¿Por qué? Los conflictos que normalmente se gestan en el ámbito familiar quedan desatendidos y, a la larga, provocan que se debilite la trama relacional invisible que mantiene unida a la familia lo que a su vez promueve que se complique el apego al negocio familiar dando como resultado más probable serios problemas de gobernabilidad.

_Focalización en la familia.

Si se prioriza a la familia en detrimento del negocio, se genera una empresa regresiva. Esto ocurre porque las distintas posiciones en la empresa terminan otorgándose a familiares sin reparar en su capacidad moral y profesional para ejercerlo (nepotismo). De esta forma, la empresa se convierte en una especie de fundación de ayuda a los familiares más que un ámbito de negocios que genera riqueza y oportunidades.

_Escaso interés en ambos ámbitos.

A este tipo de empresas las llamamos decadentes ya que, sin el esfuerzo, el trabajo y la capacidad de quienes la conducen, la empresa está condenada al fracaso. Muchas veces esto sucede luego de que la empresa ha sido muy exitosa y da la falsa impresión de poder soportar cualquier tipo de incompetencia de sus dirigentes.

_Alto interés en ambos ámbitos.

Las empresas que logran desarrollar tanto la familia como el negocio y que lo hacen observando determinadas leyes, procedimientos y adaptación de prácticas exitosas, son las que consideramos Visionarias. Son aproximadamente el 10% del total y suelen ser las que logran sobrevivir a las diferentes sucesiones.

Estas empresas, para no afectar las relaciones familiares o el negocio, se ocupan de la salud de las relaciones interpersonales y establecen políticas para la compañía basadas en la mayor cantidad posible de acuerdos consensuados.

En el mundo de las EF hay cuestiones que son difíciles de tratar, ya que afectan la sensibilidad de quien está involucrado. Por lo general, siempre es difícil plantearle a alguien en buenos términos que no está haciendo bien su trabajo, o darle una opinión que puede afectar su autoestima en algún sentido, y esto es mucho peor cuando se trata de un familiar.

Sin embargo, el respeto y la sinceridad en las conversaciones sin tomar adueñarse de la verdad pero manteniendo criterios diferenciales entre familia y empresa, es indispensable para mantener las relaciones familiares sanas cuando además se comparte un negocio.


Jorge O. Hambra es director del Club Argentino de Negocios de Familia (CANF)
www.canf.com.ar

Consultor en Desarrollo & Capacitación de Recursos Humanos Se recibió de Psicólogo en la Universidad de Buenos Aires.
Fue profesor en diferentes universidades y Centros de Posgrado de primer nivel entre las que se destacan: Universidad del Salvador, Universidad de Buenos Aires, Universidad Maimónides, ESEADE, Fundación Libertad –Maestría en Economía y Administración-, Universidad de Belgrano, Escuela de Negocios de la Cámara Argentina de Comercio y la Escuela Superior de Concesionarios de Renault.

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