22 de Octubre de 2017

"Cometimos un error en la Argentina, pero queremos enmendarlo"

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Muriel Balbi entrevistó a Justin Kintz, director de Asuntos Regulatorios de las Américas de Uber, quien dio detalles del traumático ingreso de la aplicación de transporte a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los desafíos que enfrentan para extenderse a otras provincias.

—¿Cómo se maneja Uber con la regulación específica de cada país?

—Lo que tratamos de pensar siempre es que al final de cuentas somos un servicio que existe como consecuencia de la insatisfacción del pasajero y de su frustración por la falta de buenas opciones. Lo que Uber representa es una solución conveniente para los consumidores, lo que además se traduce en una gran oportunidad para los choferes.

Pero hay un tercer elemento que consideramos grandioso y que tiene que ver con el impacto de Uber en las ciudades. Desde hace un tiempo hemos podido constatar beneficios concretos en la dinámica de los centros urbanos en donde nos encontramos. Cuando recién empezamos, éramos solo una solución para la gente que necesitaba movilizarse.

Ahora que crecimos, vemos el impacto positivo de las innovaciones de Uber en las grandes ciudades, y que van desde el Uber Pool (viajes que los pasajeros comparten en un mismo auto y a menor precio) hasta los desarrollos de vehículos autónomos en los que estamos trabajando e invirtiendo. Entonces ahora los beneficios superan en mucho el mero servicio convencional con el que arrancamos.

—¿Cómo entra Buenos Aires en esa foto?

—Creo que Buenos Aires podría convertirse en un gran ejemplo de todo esto. Pero, por ahora, el servicio es muy limitado hasta que se logre resolver el asunto de las licencias. Estoy ansioso de poder llegar a un punto en la Argentina en donde podamos comenzar a hablar de la nueva generación en transporte.

—El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires calificó como un "error" el modo que ingresaron a la Argentina. Dicen que perdieron la oportunidad de hacer las cosas desde un lugar de responsabilidad. ¿Qué ocurrió para haber dejado esta impresión en las autoridades?

—Creo que la Argentina es un ejemplo de no haber sabido hacer un buen trabajo, de no haber tenido las conversaciones que debíamos tener con el sector público y con los demás actores. Fuimos ansiosos, muy ansiosos, con el lanzamiento en Argentina. Comenzamos sin antes haber construido, como se debe, las relaciones que debíamos generar.

Es algo de lo que aprendimos. Ahora, cada vez que pensamos en expandirnos a otras ciudades, siempre recordamos el caso de Argentina y nos decimos "antes de arrancar, respiremos hondo, vamos a hablar con las autoridades y les expliquemos bien de qué se trata lo que queremos hacer".

A veces igualmente nos dicen que no les gusta pero, al menos, tuvimos el diálogo. Solo después es que podemos pasar a trabajar con los consumidores y decirles que es importante que ellos vayan y hagan escuchar su voz, que les hagan saber a las autoridades que ellos quieren que exista la posibilidad de contar con Uber.

Como ves, se trata de un acercamiento totalmente distinto. Ese fue un error en Argentina. Tenemos la esperanza de poder enmendar el error que cometimos y demostrarle al gobierno que estamos ansiosos por trabajar juntos en una solución para poder estar debidamente regulados y alcanzar una instancia desde la cual podamos expandirnos hacia otras ciudades en Argentina, servir mejor a Buenos Aires, darles más oportunidades a los conductores, y trabajar con las ciudades y los gobiernos para colaborar y hacer las cosas bien en conjunto.

—¿Cómo es hoy la relación de Uber con los taxistas?

—La relación con los taxis en Argentina es algo que nos resulta familiar porque enfrentamos ese mismo de tipo de oposición en todo el planeta. Es porque los taxistas miran a Uber como si fuera una amenaza.

—¿Y son o no son una amenaza para los taxistas?

—Bueno, yo creo que las opciones que abre la competencia son realmente importantes. Nosotros queremos liderar el mercado. También tenemos nuestra competencia en la forma de Cabify, Lift, etc. Pero eso nos hace mejores, nos lleva a esforzarnos por hacer un producto mejor para poder distinguirnos de la competencia.

Eso mejora el precio, la calidad de servicio, las opciones para el cliente y crea muchas oportunidades diferentes para los conductores. En ese sentido competimos con los taxis y la competencia no es solo por los pasajeros sino también por los choferes, y eso es muy bueno para ellos. Esto nos mejora a todos.

A mí me gustaría mucho poder trabajar en conjunto con la industria del taxi en Argentina para poder pensar soluciones e ir juntos a hablar con el gobierno y ver cómo podemos establecer reglas que hagan sentido para opciones como Uber y que a la vez modifiquen ciertas regulaciones para los taxis, que también deben ser repensadas, para asegurarnos que todos tenemos la mejor competencia posible.

En los EE.UU. vimos que la industria del taxi se modernizó y mejoró a partir de la aparición de Uber, comenzaron a aceptar tarjetas de crédito, a tener mejor servicio, etc. Washington DC es un excelente ejemplo de esto. Y a nosotros nos pasa lo mismo con nuestra competencia.

—Es que precisamente parte del problema es que los taxistas entienden que la competencia que ustedes proponen es desleal.

—Si es ese el caso, entonces debemos dirimir el asunto pensando en el consumidor. Tal vez hay ciertas regulaciones de los taxis que deban ser revisadas. Pero lo que no podemos hacer es privar a la gente de las cosas buenas que están pasando en el mundo, solo por una legislación que no se adecua. Lo que debemos hacer es reformar la ley que regula los taxis y adaptarla más a los tiempos que corren.

—¿Por qué operan en la Argentina fuera del marco de la ley?

—Nosotros nos arrepentimos de la forma en la que entramos en la Argentina. Deberíamos haber tenido más instancias de diálogo con las autoridades de Buenos Aires. Haber hecho las cosas de otro modo nos hubiese permitido construir una mejor relación y la posibilidad de expandirnos al resto del país. Pero eso solo si hubiésemos tenido el permiso para entrar.

Creo que siempre que entramos en un mercado nuevo, lo que nos ocurre es que estamos demasiado temerosos por la reacción y la presión política de los taxistas y que eso nos prohíbe entrar para siempre. Eso nos lleva a una sensación de urgencia por tratar de de empezar el negocio. Pero creo que, en el caso de Buenos Aires, definitivamente deberíamos haber hecho las cosas mejor. Nos queda claro eso. Nos gustaría volver a acercarnos a las autoridades y reconstruir las relaciones.

En este tiempo hemos hecho muchas mejoras en la compañía, tenemos un nuevo liderazgo y queremos trabajar en una renovada relación. Más allá de eso, estamos creciendo en Buenos Aires, estamos sirviendo a muchas personas –mucho menos de lo que podríamos y deberíamos-.

Pero, en una ciudad de la envergadura de Buenos Aires, se podrían hacer alianzas sumamente interesantes para todas las partes, mejorar el tránsito, ofrecer un mejor servicio y crear excelentes oportunidades para los choferes.

—¿Está en los planes expandirse a otras ciudades de Argentina?

—Sí, definitivamente. En Córdoba y otras ciudades más. Pero una vez que hayamos regularizado la situación, generando los consensos y cumpliendo con las etapas que corresponden. Como ves, hemos aprendido algunas lecciones. Lo haremos, pero solo con el permiso de las autoridades y una buena relación.

—¿Cuáles son las presiones y los desafíos de ser una compañía disruptiva?

—Las cosas se mueven muy rápido en tecnología y aún más rápido en Uber. Cuando tomas todo ese conjunto de cambios, los combinas con la innovación y lo llevas a la realidad, al campo, a lo que ocurre en ciudades reales, con choferes y pasajeros que son personas… es todo muy fuerte y muy complejo. Nosotros no somos una empresa de tecnología que solo existe en la nube.

Con algo como Uber, lo que ocurre es que estás impactando en la vida de las personas y eso es una responsabilidad enorme. Entonces, tenés que estar seguro de trabajar seriamente para hacer todo lo humanamente posible para ser parte de la comunidad y ser una buena solución, tanto para choferes como para pasajeros y además, tener un impacto positivo en la sociedad, en la economía y en la dinámica de las ciudades.

Es un mercado difícil. Por eso, aunque las autoridades nos digan "excelente, vayan y operen" (que es algo que no siempre ocurre) igualmente ese marco ideal no nos absuelve de ser responsables y de tener que estar todo el tiempo pensando en cómo debemos contribuir al bien de la comunidad y comprometernos para ofrecer el servicio de la mejor manera posible.

—Ya comenzaron a trabajar en verticales como servicio de vehículos autónomos… pareciera que, de cara al futuro, van a volver a enfrentarse con el mismo tipo de problemas con el que luchan hoy: presiones de industrias establecidas, falta de regulación, temor a la destrucción puestos de trabajo…

—Sí, totalmente. Pero la diferencia es que eso va tomar décadas. Es una conversación a un futuro mucho más lejano, tendremos más tiempo para planificar, estudiar, pensar. Porque, como vos decías, son cosas que van a tener un impacto muy fuerte en la vida de las personas. La automatización del trabajo es uno de los grandes desafíos de las próximas décadas.

Pero la diferencia es que ahora realmente tenemos tiempo de educar al público, que a su vez, está más familiarizado con la tecnología pero que aún no comprende bien de qué se trata la conducción autónoma, para qué sirve o si es realmente segura.

El primer desafío es probar que el producto sirve y que es seguro. Algo muy interesante es que, cuando empezamos a hacer las pruebas en Pittsburgh, la gente se paraba a mirar el auto, le sacaba fotos. Pero, el otro día salimos a las calles y nadie nos miraba, ni se sorprendían. Eso es porque para ellos ya es común ver el vehículo autónomo. Entonces, creo que lo primero es eso, que el público se familiarice con esta nueva revolución de la movilidad y que comprenda bien de qué se trata. Luego se comenzará a trabajar en los otros temas que seguro vendrán.

—¿Cuáles son los próximos pasos previstos en la Argentina?

—El diálogo. Seguir conversando, ir a las autoridades y ver cómo podemos trabajar juntos y convertirnos en buenos ciudadanos de ese país. Eso es lo que queremos aprender de ellos. Desde allí es que queremos dar los pasos sucesivos.

Fuente: infobae.com

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