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Empezó vendiendo comida para palomas y ahora tiene un negocio centenario

A principios del siglo XIX, las comunicaciones entre las distintas delegaciones policiales se realizaban a través de agentes de correos a caballo, chasquis y sobre todo con servicios de palomas mensajeras.

Fue así que la Policía Federal se convirtió en el principal cliente de la familia Polti en su negocio. Conocido como Casa Polti, el local vendía cereales, semillas, legumbres y fundamentalmente mezclas para pájaros. También tenían artículos de jardinería y despachos de encomiendas.

En el año 1929 se instaló en el barrio de Belgrano , cerca de donde pasaba el tranvía, sobre la vieja recova de la calle Juramento entre la avenida Cabildo y la iglesia conocida como "La Redonda".

Allí Polti priorizó la comercialización de ese tipo de productos porque por ese entonces el "pueblo de Belgrano" era una zona de quintas donde los vecinos acostumbraban a tener aves y pájaros en sus jardines.

"Uno de los asiduos concurrentes al local era Natalio Botana, del diario Crítica, que venía con su chofer para comprar las mezclas de alimentos para sus faisanes exóticos que criaba en su quinta de Torcuato", cuenta Víctor Álvarez, que se unió como socio en el año 1978.

Con el tiempo, las comunicaciones se perfeccionaron y las fuerzas de seguridad dejaron sus usuales visitas. También las quintas en la zona menguaron y la fisonomía del lugar empezó a tomar color de barrio. Fue allí que el negocio no solo se mudó a metros de su lugar originario, a las calles Juramento y Ciudad de La Paz, sino que debió adecuarse a las nuevas necesidades de los clientes.

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El crisol de colectividades que eligieron Belgrano para vivir como alemanes, suizos, húngaros, yugoslavos, españoles, italianos y de Medio Oriente -mantenían sus costumbres gastronómicas-, hizo que Polti empiece a importar productos originales como el bacalao de Noruega, unas cipollas italianas, turrones y conserva españoles, castañas frescas y piñones de España e Italia, entre otros.

Cuando los hijos del viejo Polti se hicieron mayores, se cansaron de la diaria del comercio y decidieron dar un paso al costado. Fue Álvarez quien compró sus partes societarias. Sin embargo al tiempo, uno de ellos, Ezio Polti, que extrañaba el negocio familiar, le pidió seguir trabajando allí un tiempo más.

A pesar del paso del tiempo y los cambios de costumbres, la casa mantiene su clientela. "Es muy tradicional y aunque la gente se mude del barrio, vuelve siempre a comprarnos. Siempre vienen personas que nos cuentan que venían de chicos con sus abuelos", dice.

Incorporaron productos y materias primas nuevas como hierbas aromáticas, especias del mundo, legumbres, cereales, semillas, frutos secos y frutas desecadas. Hoy son más de 2900 artículos, con 50 clases de porotos y harinas especiales, como de algarroba.

También importan almendras chilenas, arroz negro canadiense, dátiles de tunecinos e israelíes, chaucha de vainilla de Madagascar, arroz pakistaní, canela de Ceylan, galletitas alemanas, chucrut polaco, pistachos y castañas de Cajú americanas, entre otros.

Dentro de los compradores frecuentes están los grandes chefs de alta cocina argentina y embajadas como la de Túnez, Marruecos y Tailandia dicen también presente. "La hermana Bernarda venía con su canasta de mimbre para elegir los productos para cocinar. También el Gato Dumas", recuerda.

Lejos de achicarse por los vaivenes económicos del país, Casa Polti creció y hace ocho años abrieron una sucursal en el viejo mercado de Belgrano que fue donado hace más de un siglo por la familia de José Hernández y que ahora está reciclado.

"Sobrevivimos a todas las crisis, se han fundido bancos y Casa Polti siempre está porque supo adaptarse a los tiempos", concluye.

Fuente: Mariana Reinke / lanacion.com.ar