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El virus invisible a los ojos: sin ingresos, sin trabajo y sin financiamiento razonable

Profesionales, técnicos, pequeños emprendedores, trabajadores informales, los que viven de “las changas” están sufriendo una doble pandemia, la sanitaria y la económica.

La ayuda del Gobierno es limitada y tarda en llegar, mientras que la situación económica de gran parte de los hogares argentinos se tensa a diario.

De acuerdo con la encuesta desarrollada por la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires a los 70 días de cuarentena, si bien aún es mayor el porcentaje de la población a la que le preocupa más la situación sanitaria que la económica (68% versus 32%), esta última preocupación fue creciendo en relevancia.

De dicha investigación se detecta que 7 de cada 10 personas estima una caída (en mayor o menor grado) de sus ingresos. El estrés económico es muy alto.

Casi la mitad de las personas de clase media baja/baja señala que llegará al agotamiento económico en poco tiempo (1 o 2 meses). Este porcentaje alcanza el 37% y 31% de las personas que se perciben de clase media y de clase media alta/alta, respectivamente.

En este problemático contexto, más del 50% de los encuestados prevé un plazo de recuperación de la economía de su hogar no menor al año. Es decir, una situación de estrés financiero personal de cuerda corta y una perspectiva de que se extenderá en el tiempo.

Frente a esta situación, los ajustes de gastos son inevitables. Más allá de los recortes obvios (menos esenciales y varios de ellos asociados al Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio -ASPO-) como lo son los gastos en espectáculos, gastronomía, turismo; el estrés financiero es tan importante que ya empezó a impactar en otros gastos que, para una familia típica de clase media, en tiempos normales se consideran esenciales.

Por ejemplo, el 26% declaró haber suspendido el pago de la cuota universitaria, el 23% dejó de abonar el colegio privado, y otros rubros como expensas y alquileres también sufrieron faltas de pago.

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Sin embargo, la estrategia de ajustar gastos es limitada: los bienes y servicios más esenciales se requieren aún en un escenario de ingresos bajos e incluso nulos.

¿Cuáles son las opciones que tienen gran parte de las familias argentinas frente a esta pandemia económica?

Muy pocas. No sorprende, que ante la pregunta sobre las estrategias que las familias tomarían frente a la disminución de los ingresos, el financiamiento por parte de terceros esté entre las últimas opciones.

Incluso, las personas preferirían recurrir a un préstamo de algún familiar/amigo antes que financiarse con el sistema financiero argentino.

¿Y por qué pasa esto? Simple, el costo de este financiamiento es, para gran parte, impagable. Y esto es, en caso de acceder a créditos. Veamos algunos simples ejemplos para entender mejor de qué estamos hablando.

Vamos a suponer cuatro personas, en situaciones similares, pero con accesos a diferentes tipos de financiamiento (tarjeta de crédito bancaria, tarjeta de crédito no bancaria, financiamiento de entidad no financiera y préstamo de un familiar/amigo).

Caso 1. Carla, es dermatóloga y, hasta la cuarentena, atendía en su propio consultorio. Frente a la imposibilidad de trabajar, debió recurrir a financiarse con la tarjeta de crédito emitida por una entidad bancaria.

Acumuló una deuda con su tarjeta de crédito bancaria que refinanció, según lo dispuesto por el Banco Central, a una tasa compensatoria anual del 43%. Con tres meses de gracia, paga en 9 cuotas iguales y consecutivas.

Una vez levantada la cuarentena, sólo por la devolución del préstamo (capital más intereses) tendría que pagar por mes $15.000. Al final, termina pagando más de 30% del saldo refinanciado.

Caso 2. Gonzalo, abogado que al igual que Carla trabaja de manera independiente, acumuló una deuda con su tarjeta de crédito, en este caso es una tarjeta NO bancaria. También paga luego de tres meses el capital en 9 cuotas iguales y consecutivas.

Pero, como es una tarjeta NO bancaria, la tasa de interés es mayor. Considerando las tasas actuales, esta puede llegar a 100% anual. Así, su cuota mensual sería entre capital e intereses será, en promedio, de $20.000. Termina pagando más del 70% del saldo financiado.

Caso 3. Hebe, profe de yoga e integrante del grupo de trabajadores informales, tuvo que tomar un préstamo a un financista que le recargó una tasa usurera del 350% anual por ser su única opción. Su cuota mensual, en promedio, sería de $50.000 entre capital e intereses. Termina pagando más de 350% del financiamiento al cabo de un año.

Caso 4. Fabián, estudiante de antropología que se ganaba unos pesitos trabajando de barman, le pidió prestado a su hermano mayor con el acuerdo de que se los devolvería a más tardar a un año.

Como su hermano mayor está queriendo comprarse un departamento, quedaron en que le devolvería los pesos necesarios para comprar los US$1.500 que le prestó.

Si suponemos que a fin de 2020 Fabián le devuelve el dinero, debería entregarle 50% más del monto financiado, teniendo en cuenta la depreciación prevista. Si estira un poco más el plazo, podría necesitar 80% más de pesos respecto del financiamiento inicial.

Los préstamos a tasa cero puestos a disposición para gran parte de los trabajadores independientes o informales es una opción válida, pero no deja de implicar una devolución de cuotas del orden de los diez mil pesos mensuales, lo cual, en un contexto de salida gradual de la crisis económica, podría ser impagable para muchos de los deudores.

Además, al tratarse de un depósito en la tarjeta de crédito, limita considerablemente su uso. Por ejemplo, no son pocas las ocasiones en que las tarjetas de crédito no son aceptadas como medio de pago en los comercios de cercanía, incluso para las compras de bienes esenciales (alimentos, productos de sanitización, productos de cuidado personal).

¿Y por qué no son aceptadas? Por los costos que las tarjetas de crédito recargan a los pequeños comerciantes, pero ese es otro episodio de la misma temporada.

 

Damián Di Pace es analista económico, autor del libro "Economía Pyme" y director de la consultora Focus Market.